El Castillo del Eco
Bajo el palio de un cielo de plomo, donde las cumbres de la Columna del Mundo desgarran las nubes, se alzaba el Castillo del Eco. En aquel mausoleo de piedra y escarcha, Rizzel pasó sus primeros años como un secreto prohibido.
Repudiada por su albinismo —esa blancura de hueso que las sacerdotisas de la Reina Araña consideraban una mancha—, fue entregada al cuidado de su abuelo Vaelin.